Bernardo Alfageme, S.A.

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Bernardo Alfageme, S.A.

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Historia

En 1929 se inaugura en Bouzas (Vigo), en el lugar que hasta entonces había sido el campo de fútbol del Fortuna, la nueva fábrica de conservas de Bernardo Alfageme. El imponente edificio proyectado por el arquitecto Manuel Gómez Román se convertiría en poco tiempo en una de las principales productoras de la ciudad y en uno de los símbolos de la industria viguesa.
La factoría viguesa nace fruto de la expansión de un negocio familiar iniciado en 1882 por Bernardo Alfageme Pérez con una fábrica de salazón y escabeche en Candás (Asturias) y que llegó a Galicia a través de su hijo Hermenegildo Alfageme Fernández. Primero con la adquisición de una salazón en O Barqueiro (Mañón, A Coruña) en 1903, que vendería tres años después y finalmente estableciéndose en Vigo en 1910 en el lugar de Punta San Gregorio, cerca de la playa de Coia. La familia comercializaba sus conservas, principalmente sardina, bajo marcas como La Legalidad, Preferidas o Romeo y Julieta pero es en 1914 cuando registra la marca por la que será reconocida tanto a nivel nacional e internacional: Miau.
Los buenos resultados del sector conservero después de la Primera Guerra Mundial llevaron a los Alfageme a proyectar y construir a finales de los años 20 la fábrica que ha llegado hasta nuestros días. Durante décadas fue una de las más importantes empresas del sector conservero. Disponía de buques propios que faenaban en el Gran Sol entre los que se encontraba el Bernardo Alfageme botado en 1946, un moderno buque de acero y motor de explosión fabricado en el astillero de Hijos de J. Barreras, siendo el único barco de arrastre de la primera mitad del S. XX que aún se conserva. En la década de 1970 la firma orienta su negocio hacia las conservas de moluscos y cefalópodos abriendo nuevas factorías en O Grove, Vilaxoán y Ribadumia. Alfageme llegó a contar más de 400 empleados en plantilla, con una capacidad productiva de unas 150 millones de latas anuales.
Tras varios años de vaivenes económicos en el año 2006 la conservera es adquirida por la inmobiliaria Promalar en lo que se interpretó posteriormente como una maniobra especulativa para hacerse con los terrenos de la fábrica. Pero tras una desastrosa gestión, que acabó en los tribunales, la promotora quebró presentando el mayor concurso voluntario de acreedores hasta la fecha en Galicia con más de 200 millones de euros de deuda. La sentencia de 2012 declaró culpable a los administradores de la promotora y a indemnizar a los acreedores de la conservera con más de 11 millones de euros. También supuso la desaparición de 190 puestos de trabajo y la pérdida de casi 40 millones de euros en dinero público.

Abandona la provincia y pone rumbo a Asturias en la penúltima década del siglo XIX donde se casa con Delfina, hija de un importante industrial del sector del salazón. Poco después inicia su actividad en el mundo de las conservas con la puesta en marcha de una pequeña planta de enlatado de anchoa en la localidad asturiana de Carreño.

Un hombre con visiones de futuro que comprendió enseguida las grandes posibilidades que ofrecía el pescado en conserva y en 1873 levanta su primera gran fábrica en Candás, donde también producía una «sidra champagne» con la marca Bernardo Alfageme.

Sería un hijo del empresario el que pondría su punto de mira en el puerto de Vigo, donde desembarcaban cada año miles de toneladas de sardina, la especie que era la materia prima de la industria conservera.

En 1909, la firma Bernardo Alfageme abre su primera planta gallega en la calle Arenal, donde los pesqueros desembarcaban sus capturas en la misma playa y casi a la puerta de las conserveras que se iban instalando en la ciudad y erigieron en pocos años a Vigo como capital del enlatado.
La I Guerra Mundial fue una gran oportunidad para las conserveras que suministraban tanto a los combatientes como a poblaciones cuyas cosechas habían sido arrasadas por las bombas y el fuego. El conflicto y la posguerra fueron la época dorada para la conserva y lo que hizo que en 1928 la firma optase por comprar los terrenos que ocupaba el campo de fútbol del club vigués Fortuna, para construir una gran fábrica a la altura de las mejores de la época.

El nuevo edificio se encarga al arquitecto vigués D. Manuel Gómez Román que era el más destacado de la época. Con las nuevas instalaciones la firma cobra un importante impulso y se sitúa al nivel del emporio conservero de los Massó.

La Guerra Civil supone un drama para la familia Alfageme. El fundador de la empresa Bernardo Alfageme Pérez, de 86 años, y su nieto Hermenegildo Alfageme del Busto, de 27, fueron asesinados en Gijón por las milicias republicanas el 21 de septiembre de 1936.
Sobre el terreno en que fueron asesinados, Hermenegildo Alfageme Fernández, hijo y padre de las víctimas, financió, en su memoria, la construcción en los años cuarenta del actual Sanatorio Marítimo de Gijón.

Cuando Hermenegildo falleció el 15 de septiembre de 1962, a los 88 años, lo sustituyó el frente de la compañía su hijo menor, Antonio Alfageme del Busto, nacido en 1917, que luego sería presidente de la Unión de Fabricantes de Conservas (hoy ANFACO) y fallecería en trágicas circunstancias el 20 de abril de 1974. Dos sobrinos de este último, Braulio y Bernardo, dirigieron la empresa durante varios años. Los dos murieron relativamente jóvenes, Braulio en 1991, con 55 años, y Bernardo en 1997, con 62 años.

En los años cincuenta, la firma Alfageme traslada su producción a Vigo y además de la mítica marca Miau lanza otras como Eureka, Alfa, La Barrentina y Basa. Refuerza Miau con nuevas especialidades, convirtiéndola en el buque insignia de la conservera. En los años siguientes el grupo apuesta por expandirse en otras localidades como Algeciras, O Grove, Ribadumia, Vilaxoán y Santoña.

Su época de mayor esplendor llegaría a finales de los años 80 bajo la dirección de Braulio Alfageme, quien contaba como director comercial con el vigués Emilio Álvarez Magadalena, el hombre que tuvo la visión de potenciar la red comercial y abrir nuevos mercados. Alfageme contaba hace apenas años con una plantilla de 400 personas y una capacidad de producción de 150 millones de latas anuales, unas 50.000 toneladas de conservas salían de sus fábricas.

El edificio está incluido en el catálogo municipal de bienes a conservar... pero veremos su futuro.

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